Categoría: criptozoologia
1 Noviembre 2005
El mamut cuyos restos se encontraron en Berezovka proporcionó a los hombres de ciencia un material de trabajo muy rico. Un detalle muy curioso: la hierba y las flores que se hallaron en la boca de la criatura indicaban que había sufrido una muerte repentina... ¿Cuál?
La autopsia proporcionó la respuesta, y el doctor Herz, jefe de la expedición, pensaba que muchos otros mamuts pudieran haber muerto del mismo modo. Un análisis riguroso del contenido del estómago del animal mostró que contenía hierbas, musgos y líquenes de varias clases, además de ramas verdes de árboles de la tundra, como abetos y pinos. La presencia de algunas semillas indicaba que la muerte se había producido en otoño. Los ranúnculos sin masticar indicaban que el mamut debió de encontrarse con un desastre súbito. Según lo descubierto por el geólogo, todos los detalles indican que el mamut debía estar pastando cuando pisó hielo demasiado delgado y cayó en el profundo barranco, rompiéndose una pata y la pelvis. Al debatirse en el suelo hizo caer toneladas de nieve y fango semicongelado de los lados del barranco, y se asfixió. Un hecho interesante es que alguna parte del cuerpo se había transformado en adipocira (mecanismo que consiste en un endurecimiento de la grasa corporal semilíquida, que se convierte en una especie de sebo casi permanente). Esto ocurre cuando un cuerpo -humano o animal- ha estado sumergido en agua o enterrado en un lugar húmedo.
Cuerpo perfectamente conservado de una cría de Mamut, fue hallado en Siberia el verano de 1977.
Desde entonces se han encontrado algunos cadáveres parcialmente preservados en el cinturón de permafrost. En 1948, por ejemplo, una excavaciones que empleaban una manguera de alta presión, en Alaska, pusieron al descubierto la cabeza y los cuartos delanteros de una cría de mamut, mientras un ejemplar aún mejor que el de Berezovka salió a la luz en la misma zona -Yakutsk- en el transcurso de unos trabajos de obras públicas en el verano de 1977. Era un animal de seis meses y como su trompa estaba intacta, los investigadores observaron por primera vez los dos "dedos" de la punta de la trompa, al parecer necesarios para levantar objetos pequeños, a la manera de los elefantes modernos, aunque el "dedo" inferior del mamut también actuaba como solapa, para proteger los orificios nasales.
El mamut de 1977 había muerto igual que el de 1900 y, como señalaba Hertz, debía ser un tipo de muerte corriente para esas bestias tan voluminosas. Los escépticos arguyen, sin embargo, que seguramente no todos los mamuts perecieron de ese modo. La escuela catastrofista sostiene que fue un desastre colosal lo que causó un cambio brusco de temperatura y heló los desiertos siberianos, privando de su comida a los mamuts. La teoría fue dada a conocer a principios del siglo XIX por el naturalista francés Georges Cuvier, considerado el padre de la paleontología moderna. Pero en general la ciencia moderna no acepta el catastrofismo. Una objeción es que Cuvier basó sus hipótesis en una interpretación errónea de las "lagunas" de millones de años entre los fósiles encontrados en un estrato de rocas y los que se encontraban en el adyacente. El estado de los conocimientos geológicos en su tiempo era tal, que los hombres de ciencia no se habían dado cuenta de que las erupciones volcánicas y otros movimientos en la superficie de la Tierra podían mezclar los estratos de forma confusa. En cualquier caso, no hay lagunas en los registros fósiles de Siberia desde la desaparición del mamut. Ni, como demostró Hertz, ha cambiado mucho la vegetación desde que el ejemplar de Berezovka murió comiendo ranúnculos.
La explicación más razonable de la extinción de las grandes manadas no se encuentra en un súbito cambio de temperaturas, sino en una serie de inviernos muy duros. Los mamuts eran animales migratorios que se desplazaban lentamente hacia el sur en invierno, y volvían al norte en verano. Sus extraños colmillos curvados hacia adentro les servían probablemente para raspar la superficie de la nieve y dejar a la vista la hierba y los líquenes que había de bajo. Ciertamente, los animales podían vivir bajo un frío extremo, con su espeso pelaje, sus orejas pequeñas y sus jorobas de grasa que, como las del camello, almacenaban energía. Pero quizá un exceso de frío les impidió en un momento dado rascar el suelo a la profundidad suficiente para encontrar alimento. Si esas condiciones se repitieron durante decenas o cientos de años, era lógico que las manadas disminuyeran e incluso desaparecieran.
Algunos hechos respaldan esta idea. Robert Belí, en el boletín de la Sociedad Geológica de América, proporcionó en 1898 pruebas para esa teoría, relatando un hecho ocurrido en la isla de Akpatok, en la bahía de Ungava (Canadá). Esta gran isla siempre había estado llena de renos, pero un invierno en que la nieve era más profunda de lo habitual, llovió (un acontecimiento casi sin precedentes) y se formó una capa de hielo sobre el terreno y sobre la nieve, impidiendo así que los renos obtuvieran alimento. La consecuencia fue que murieron todos, y la isla nunca volvió a poblarse. Si esa gran manada hubiese sido la única de la especie, los renos se habrían extinguido.
Belí también mencionaba el gran número de huesos de mamut hallados en la costa siberiana, particularmente en la desembocadura de ríos como el Liena. Señalaba que en su juventud, antes de que los búfalos fueran casi exterminados por los cazadores, grandes manadas se ahogaban cuando intentaban cruzar ríos helados y el hielo no era suficientemente grueso para soportar su peso. Y el mamut era mucho más pesado que el búfalo.
Todas estas teorías -además de otra, menos convincente, según la cual el hombre prehistórico cazó mamuts hasta provocar su extinción- pueden tener alguna relación con la desaparición del mamut lanudo. Pero subsiste una inquietante posibilidad; quizás estos animales no se hayan extinguido.
El gran bosque de Siberia, la taiga, se extiende por 7.770.000 km2, y, exceptuando algunos cazadores nómadas primitivos, está deshabitado. En 1581 Ermak Timofeyevich, capitán de una banda de cosacos enviados a Siberia cuando Rusia comenzó a conquistar ese territorio, informó que una de las primeras cosas que él y sus hombres vieron después de cruzar los Urales fue "un gran elefante peludo". Los nativos no se sorprendieron, y le dijeron que solían designarlos con un nombre que significaba "montaña de carne". Esto sucedió un siglo antes de que el diplomático y explorador Evert Ysbrandt Ides sugiriera que el mamontova-kosty provenía de un animal parecido al elefante.
Pero un respetado diplomático francés llamado Gallon hizo un relato mucho más impresionante en 1920. Gallon estaba destinado en Siberia en esa época, y se puso a conversar con un campesino ruso, un cazador que había pasado cuatro años en la taiga persiguiendo osos y lobos. Según le contó a Gallon, en su segundo año encontró una gran huella hundida profundamente en el lodo. Debía tener 60 cm de largo y 45 de ancho... no era redonda, sino ovalada. Había cuatro rastros, los rastros de cuatro patas, las dos primeras a unos 4 m de las segundas y el segundo par era un poco más grande. Entonces el rastro torció bruscamente hacia el este, penetrando en un bosque de olmos medianos. En el punto en que entraba vi un gran montón de estiércol; lo observé y vi que estaba compuesto de materias vegetales. A unos 3 m de altura, justo donde el animal había entrado en el bosque, vi una hilera de ramas rotas.
El cazador siguió el rastro y, unos días después, descubrió que se le había unido otro, igual al primero.
Tenía el viento de frente, lo que era bueno para acercarme a ellos sin que supieran que estaba allí. De pronto, vi claramente a uno de los animales y debo admitir que sentí mucho miedo. Se había detenido junto a unos árboles jóvenes. Era un enorme elefante con grandes colmillos blancos, muy curvados; por lo que vi era de color castaño oscuro. Tenía pelo largo en las ancas y más corto delante. Le diré que no conocía la existencia de elefantes tan grandes... el segundo animal estaba cerca; sólo lo vi unos momentos, entre los árboles. Parecía del mismo tamaño.
El fusil del cazador, adecuado para cazar osos, no era del calibre suficiente para disparar contra esos monstruos. Se alejó cautelosamente y volvió a sus cuarteles de invierno, aterrorizado por lo que había visto.
"Esa -terminaba diciendo el informe de Gallon- fue la historia de este hombre, demasiado ignorante para saber que había visto a dos mamuts. Y cuando le dije su nombre no dio señales de haberlo entendido."
Sólo considerando el hecho de que ningún hombre de ciencia ha dado una explicación totalmente satisfactoria de las razones de la extinción del mamut lanudo, que su dieta habitual, como reveló el estómago del mamut de Berezovka, todavía florece en Siberia, y tomando en cuenta el testimonio de Gallon, existen posibilidades reales de que unos pocos de estos gigantes lanudos sigan pastando en los enormes y casi inexplorados bosques de Siberia.
Pero a esas razones hay que añadir otro tipo de evidencias, mucho más próximas a nosotros: el 28 de octubre de 1981, los titulares de los periódicos más informados anunciaban: "Mamuts vivos, vistos en Yakutia (Siberia)." Al parecer, un grupo de cazadores habían avistado a unos 300 m de distancia una manada de mamuts vivos; según fuentes militares soviéticas, habían aportado como prueba moldes de huellas. A partir de aquel momento, la Academia de Ciencias de la URSS tomaba cartas en el asunto; tal vez dentro de poco todos podamos admirar fotografías, o incluso ejemplares vivos, de este mítico animal.

Los restos del mamut hallado estaban tan bien conservados que sus dedos extremos estaban completos.
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27 Octubre 2005
Nombre: 'Sarcosuchus imperator'.
Tamaño: Entre 11 y 12 metros.
Peso: Unas 8 toneladas.
Hábitat: Africa.
Epoca: Cretácico, hace unos 110 millones de años.
Descubrimiento: Geólogos franceses descubrieron los primeros especímenes en el desierto del Teneré, en Nigeria, en 1964, pero hasta el segundo semestre de 2001 no se había descrito su anatomía, hábitos, dieta, etcétera
Era inmenso. Tenía el tamaño de un autobús, el peso de una pequeña ballena y una mandíbula que deja en ridículo a la de sus parientes de hoy en día. 'Sarcosuchus imperator' vivió en Africa mucho antes de que el ser humano apareciera sobre la faz de la Tierra.
En pleno reinado de los dinosaurios, hace unos 110 millones de años, este gigante, cuyo tamaño multiplicaba por diez o quince veces el de sus descendientes actuales, imponía su ley en los cursos fluviales. Y no se alimentaba sólo de peces, como sus coetáneos, sino que incluía en su dieta pequeños dinosaurios.Han pasado casi cuarenta años desde que se descubrió la especie hasta que se ha contado con una descripción fiable del comportamiento y la apariencia de estos animales. Fue en 1964, en el desierto nigeriano del Teneré, cuando geólogos franceses sacaron a la luz los primeros restos fósiles de este reptil.
Casi cuatro décadas después, el paleontólogo Paul Sereno, de la Universidad de Chicago, describe, en las páginas de la revista 'Science', la anatomía, el crecimiento y los posibles hábitos del emperador de los cocodrilos, gracias al hallazgo de nuevos cráneos y esqueletos parciales del monstruo. «Este material nos da una buena idea de lo que eran los cocodrilos 'supergigantes': ha habido una especulación desenfrenada sobre su apariencia y dónde encajaba en el árbol genealógico de los cocodrilos, pero hasta ahora nadie tenía las piezas suficientes del cráneo y el esqueleto como para colocarlos en el lugar correcto», indica Sereno.
Además de las dimensiones, del estudio de los nuevos fósiles se deduce que 'Sarcosuchus imperator' estaba cubierto, desde la cabeza hasta la cola, por una armadura de escamas -a modo de platos incrustados en la piel-, cada una de las cuales lucía aros de crecimiento similares a los de los troncos de los árboles. El estudio de las escamas en un individuo que alcanzó el 80% de su tamaño antes de morir, revela la existencia de 40 anillos de crecimiento. Según Sereno y su equipo, eso quiere decir que a estos animales les llevaba entre 40 y 50 años alcanzar su tamaño final.Hace 110 millones de años, vivían en lo que hoy es Nigeria seis especies de cocodrilos. 'Sarcosuchus imperator' era el gigante de una familia en la que también había una especie de cocodrilos no mucho más grandes que una galleta.
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27 Octubre 2005

La primera vez de la que se tiene constancia de la aparición de este misteriosa figura se dio cuando se plantó en medio de una carretera, frente a una mujer que acompañaba a su padre en West Virginia (Estados Unidos) en 1960 o 1961. Al acercarse, la mujer redujo la marcha de su coche. Los dos atemorizados testigos pudieron ver que la figura era mucho mayor que la de un hombre. La conductora del coche explicó lo que sucedió a continuación: A su espalda se desplegaron unas alas que prácticamente llenaron toda la carretera. Casi parecía un pequeño avión. Entonces despegó rápidamente... desapareciendo de nuestra vista en pocos segundos. Los dos nos quedamos aterrorizados. Pisé el acelerador y me apresuré a alejarme de allí. Hablamos de lo sucedido y decidimos no contarle nada a nadie. ¿Quién iba a creernos?
Es verdad, ¿quién? Aunque ella no lo supiera, esta mujer fue probablemente la primera persona que vio a un ser alado al que más tarde se apodó el "hombre-polilla" (Mothman), y que a finales de 1966 realizó frecuentes apariciones en una zona de West Virginia llamada Point Pleasant.
Los primeros que vieron al ser fueron dos matrimonios jóvenes, los señores Scarberry y Mallette. El 15 de noviembre, ya entrada la noche, atravesaban en automóvil la "zona TNT", donde había una fábrica de explosivos utilizada en tiempo de guerra y ya abandonada. Al pasar ante una antigua central eléctrica, observaron en la oscuridad dos círculos de un color rojo brillante, que parecían ojos. Al moverse los círculos, las dos parejas pudieron ver una figura de forma humana, de una altura entre 1,8 y 2 metros, de color grisáceo y con grandes alas. Se desplazaba caminando sobre dos piernas.
Roger Scarberry, que iba al volante, describió un brusco viraje con el coche para alejarse de allí, cosa que hicieron a considerable velocidad. Sin embargo, pudieron ver a la criatura, o a otro ser similar, de pie junto a la carretera; al pasar ellos, la criatura desplegó sus alas de murciélago e inició su persecución. Aunque aceleraron hasta alcanzar los 160 km/h, el "ave" se mantuvo a su altura... sin batir las alas. La señora Mallette lo oyó chillar "como un gran ratón". Cuando explicaron su experiencia en la oficina del sheriff, éste pudo comprobar que estaban aterrorizados y les acompañó hasta la zona TNT, pero no vieron ningún hecho extraño.
Esta historia fue objeto de publicidad, y Point Pleasant se convirtió inmediatamente en foco de atención para los cazadores de monstruos. Hombres armados registraron la zona TNT, pero no encontraron a su presa. Sin embargo, el hombre-polilla seguía merodeando por allí, ya que el 16 de noviembre, al atardecer, se apareció a la señora Marcella Bennett, que se disponía a visitar a unos amigos que vivían en la zona. Estaba sentada en su coche estacionado cuando advirtió la presencia de una figura en la semioscuridad. "Le pareció como si hubiese estado tendido en el suelo. Se levantó lentamente. Era una cosa enorme y gris. Mayor que un hombre. Con unos terribles ojos resplandecientes y rojos." Al igual que las dos parejas la noche anterior, la señora Bennett se sintió hipnotizada por los rojos ojos del hombre-polilla. Mientras ella lo miraba, un amigo la cogió, junto con su hija de corta edad, y las arrastró hacia su casa.
Durante los días siguientes, numerosas personas vieron al hombre-polilla.., o creyeron haberlo visto. Nunca sabremos cuántas de estas visiones fueron causadas por el "contagio" de las historias publicadas por la prensa. El escritor John Keel se trasladó a la zona de Point Pleasant para investigar por su cuenta y, entre las diversas informaciones que reunió, estableció que el hombre-polilla medía entre 1,5 y 2 metros de altura, que era de color gris o pardo, y con forma humana pero sin brazos ni cabeza. Tenía unos ojos rojos, brillantes y luminosos, allí donde se encuentran los hombros de una persona normal. Las alas se plegaban hacia atrás, y su envergadura era de unos 3 metros. La mayoría de estas visiones tuvieron lugar en noviembre y diciembre de 1966, y seguidamente el hombre-polilla desapareció.
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25 Octubre 2005

Investigadores australianos anunciaron el descubrimiento de una nueva especie de delfín hallado en las costas poco profundas al norte de Australia.
Estos delfines eran inicialmente confundidos con los del tipo "irrawady", muy común en las zonas costeras y los principales ríos de Asia y el norte de Australia.
La nueva especie -llamada snubfin- por su nariz chata y su marcada aleta dorsal, fue identificada oficialmente gracias a investigaciones genéticas efectuadas en California.
"Existen claras diferencias entre ambas poblaciones (la snubfin y la irrawady) que no habían sido reconocidas antes y que fueron confirmadas mediante estudios de ADN", indicó Isabel Beasley, responsable de la investigación de la Universidad James Cook de Townsville, Australia.
Beasley indicó que es imposible estimar cuántos delfines conforman esta nueva especie, ya que aún no se conoce mucho acerca de ella. Sin embargo, se sospecha que existen cerca de 200 en las costas del estado de Queensland.
Advirtió que los delfines son amenazados por las actividades humanas porque viven en aguas costeras poco profundas.
"Esto significa que Australia tiene ahora una especie endémica viviendo en sus costas lo cuál, le otorga prioridad en el tema de conservación", aseguró Beasley.
Ya que el snubfin vive tan cerca a las costas, Beasley advirtió del peligro que corre este nuevo tipo de delfín de verse atrapado accidentalmente en las redes de pesca y de sufrir el impacto del desarrollo costero.
Orcaella Heinsohni
Beasley comenzó a estudiar estos delfines después de notar varias diferencias entre el tamaño y el color de los delfines asiáticos y los australianos.
Los delfines australianos snubfins presentan tres colores distintos en el cuerpo, que van del marrón oscuro al blanco, mientras que el asiático tiene un color grisáceo uniforme y el vientre blanco.
Fotografía del nuevo tipo de cetáceo, bautizado Orcaella heinsohni.
Asimismo, se midió el tamaño de sus cráneos y las medidas externas de su cuerpo.
El nombre científico de esta nueva especie es Orcaella Heinsohni, en honor del investigador George Heinsohn, quien examinó los restos de delfines depositados por la marea en las playas australianas, entre la década del 1960 y la 1970.
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25 Octubre 2005
Introducción: No es una exageración afirmar que la casualidad ha jugado casi siempre un papel importante en la historia de los descubrimientos zoológicos. Y las cosas no han cambiado mucho en el siglo XXI: cuando leemos en los periódicos que alguien ha encontrado una nueva especie de animal, la mayoría de las veces el hallazgo se reduce a una cuestión de suerte. De hecho, la manera que tienen los zoólogos de buscar nuevas especies es acercarse a una zona y hacer un inventario biólogico de la misma. Mientras están haciendo el inventario es posible que, por casualidad, se topen con un animal nuevo para la ciencia. Sin embargo, existe un reducido grupo de científicos que creen en la posibilidad de predecir la existencia de nuevas especies de animales antes de que los zoólogos tradicionales hayan tenido la suerte de detectarlas. Se trata de los criptozoólogos. Para ilustrar la diferencia entre zoólogos y criptozoólogos se podría recurrir a hacer un símil con el arte de la pesca: mientras que los zoólogos usan una enorme red, los criptozoólogos pescan con lanza
MONSTRUOS MITICOS QUE HAN RESULTADO SER BIEN REALES
- La increible historia del ácaro de la sarna: ¿El ácaro un monstruo mítico? Pues sí..... Este pariente de las arañas, que apenas se puede apreciar a simple vista, es el protagonista de uno de los episodios más rocambolescos de la historia de la medicina y de la zoología,..... tan rocambolesco que podríamos denominarlo como "el Bigfoot de la dermatología "( Aunque se contaba con buenas descripciones del animal desde 1687, su existencia no fue ampliamente aceptada hasta 1834 ). Sarcoptes scabiei hominis (del griego sarx "carne" y kopto " yo corto") es el diminuto parásito que causa la sarna humana, una enfermedad cutánea que se produce cuando este maquiavélico y voraz bichito se dedica a excavar galerias en la piel de las personas. Los síntomas se caracterizan por la aparición de lesiones cutáneas ( vesículas, pápulas) y picazón.
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